2- Para empezar
Para empezar
Desde los albores mismos de la civilización occidental, esto es, seis, siete siglos
antes de la existencia de Cristo, en Grecia muchísimos pensadores reflexionaron
sobre el sentido mismo de lo social. ¿Cómo se organiza la ciudad?, era el interro-
gante. ¿Hay una forma perfecta para que la convivencia humana sea mejor?, ¿está
en la naturaleza de nosotros que esa convivencia sea pacífca? ¿qué tendencias con-
fuyen en sentido contrario? ¿cuáles deben promoverse para que el colectivo social
tenga más justicia, tenga más dignidad? En suma, ¿qué debe hacerse para que haya
condiciones mejores para una felicidad mayor de cada uno de nosotros? Esto es, la
pregunta por las condiciones de lo social viene desde siempre o, al menos, desde que
la civilización occidental existe. Y desde el principio, la pregunta tuvo, por así de-
cirlo, un sentido utilitario. Se trata de una refexión sobre nuestra convivencia, para
mejorarla, para perfeccionarla.
Esa pregunta tuvo, por supuesto, inmensas evoluciones y transformaciones, idas
y vueltas, marchas y contramarchas. Como escribimos más arriba, inicialmente
estuvo enfocada en una cuestión estrictamente política: ¿cómo organizar nuestra
sociedad?, ¿qué hace que no nos matemos entre todos?, ¿por qué es mejor una co-
lectividad que individuos aislados?, ¿cuáles son los márgenes que se le deben dejar
a cada persona y cuáles son los elementos, o normas o factores que deben estar
reservados para lo colectivo?
Una introducción a la Sociología como aquí estamos planteando tiene justamente
por objetivo detenernos un momento en las condiciones de nuestra existencia. ¿Por
qué hablamos nuestro idioma? ¿Por qué nos vestimos como nos vestimos? ¿Por qué
comemos ciertas cosas y otras no? Y sabemos que en otras civilizaciones existen
otras ropas, existen otras comidas, en fin, se utilizan otros idiomas e, incluso, cuan-
do se usa el mismo idioma, hay modalidades, hay cantitos lugareños, hay palabras
que identifcan hasta zonas diferentes de una gran ciudad. En síntesis, ¿cómo se
trasmiten los elementos centrales de nuestras costumbres, de nuestros usos?
Para colmo, sabemos que ninguna sociedad ni siquiera es idéntica a si misma
todos los días. De un día para otro, hay modifcaciones. Pero también, de un día para
otro, hay grandes permanencias, hay grandes estabilidades. Las condiciones por lo
social siempre son una pregunta doble, una pregunta acerca de lo que permanece y
acerca de lo que cambia. ¿Por qué lo que permanece, permanece? ¿Y por qué lo que
cambia, cambia?
Además, si pensamos ya en sociedades más complejas con personas que ni si-
quiera se conocen entre sí, más aún en sociedades donde es necesario para saber
quién es quién algún documento, incluso hoy en el siglo XXI, con foto, huella digital
e, incluso, parámetros biométricos. Esto es, una sociedad, en gran medida es una
entelequia. Todos los que habitamos Varela, Berazategui o Quilmes, pensamos que
vivimos en el conurbano sur, pero no nos conocemos entre nosotros, no tenemos
las mismas costumbres, no nos gustan las mismas cosas, pero, sin embargo, nos
remitimos a esa instancia que es el conurbano sur. ¿Qué es lo que hace que nosotros
creamos eso? ¿Cuáles son los elementos que permiten identidades colectivas y a la
vez diferencias individuales? ¿Es posible la emergencia de individuos con rasgos
muy diferentes a los de la sociedad? ¿Es posible la creación absoluta? ¿En qué me-
dida el condicionamiento social es una condición de posibilidad pero a la vez es una
imposibilidad, una frontera?
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